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Diciembre 2017





Sociopolítica digital.





Los roles en la sociedad están mutando. Y junto a ellos el conjunto de valores que los definen. Desde hace años, en la Argentina <3, se comenzó con un proceso de escenificación artística de la política, y no hablo de la incorporación proselitista de artistas a los proyectos políticos con el ejercicio de cargos públicos; estoy hablando justamente de lo inverso, del lugar ubicuo que se está posicionando a los políticos en el espectro de la cultura. Son los nuevos Rock Stars. Los programas giran en torno a su sortilegio, el prime time se lo llevan los programas de debate político, que a su vez generan otros programas satélites re emitidos durante toda la jornada siguiente con una matiz medieval, cortesana, generando una catarata de opiniones espiraladas sobre los susodichos de los nuevos Sai Baba.

Las modelos, actrices y artistas salen con políticos vacíos. De repente es cool salir con demagogos, mentirosos y gente de cuestionable moral. Este es el escenario artístico y político actual, lamentablemente hoy no se puede separar lo artístico de lo político, por lo menos no en el entretenimiento. Los actores y artistas de repente son paladines de modelos políticos y los políticos son estrellas de programas. Vamos a ver como es, en el reino del revés… Está todo amalgamado y la sociedad expectantemente genuflexa ante sus desaires.

No voy a mencionar ni una fuerza política, no es el propósito de este texto. No tengan sólo un político en mente cuando lean esto.  El propósito es poder ofrecer una mirada objetiva y estructural sobre el proceso que atraviesa la sociedad del siglo XXI, el siglo de las pantallas, y entender un poquito mejor la distribución de los roles. Es el escenario político actual, es el resultado de 20 años de convivencia y expansión del fenómeno de la Internet y dispositivos móviles.

En Argentina, al estar todo enfocado y centrado en lo que llamamos “hacer política” se convierte a los políticos en la farándula actual. Los espectadores lo celebran y por supuesto, consumen. Ser político hoy se puede resumir a una sola acción, acaparar la pantalla y el éxito se mide con cualquier clase de mención digital. Cada figura twitea creyendo formar parte del parnaso digital. Además de la prosa, no se si somos conscientes del poder que alcanzaron las imágenes hoy en día. El poder de una selfie, el poder de las fotos. En los actos de inauguración, la obra del político no es el puente que se divisa detrás del sombrero amarillo de seguridad que viste para la prensa, la obsesión del político es la foto que le pueden sacar, esa imagen que parece ser tomada de gamulina pero que fue ejecutada bajo infinitos parámetros compositivos para que luego pueda ser difundida. La cantidad de fotos a las que se somete por día cada político en su esfuerzo hercúleo de figurar, es un suceso alarmante! Estamos ante una frivolidad carnal, el político tiene que aparentar 24/7, aparentar todo el tiempo ser una persona feliz, tener el corcho peinado, y toda la atención que tiene que poner en cada foto es lo que en su cerebro, ipso facto, le indica el poder de la acción a la cual se está sometiendo. Si ante un elemento como una cámara no se puede permanecer normal o tal como uno es y se tiene que forzar una expresión, este sujeto está reconociendo el poder que ejerce ese instrumento sobre él. No hay discusión, hoy el poder de una persona se mide en seguidores, los productores de eventos tienen muy en cuenta la cantidad de seguidores de los artistas para la hora de ofrecer un cachet, mismo los armadores políticos a la hora de ofrecer puestos. También nosotros, innumerables veces comparamos la cantidad de seguidores que puede tener un personaje digital contra otro para ver quien la tiene más larga, quién es más poderoso. Este es el meollo del asunto, delegamos todo el poder en las redes sociales, consolidándose como único y más fiel instrumento de medición de penetración social y este instrumento de medición, como consecuencia, absorbe el poder que está midiendo.  El uso de las redes sociales está politizado, en eso no cabe duda, no es un tema de cambiar palabras, es un tema de proveer sustancia.

Las imágenes son ambivalentes, tienen resultados favorables y adversos, son tan potentes que son capaces por sí solas de producir un cisma, una renuncia, un cambio de vida (forzado o no), una separación, ostracismo, un suicidio, un asesinato y diariamente cuestionamientos o comparecencias.

Lo más importante de las imágenes, del poder que le damos, es el poder que reside tácitamente en el observador de dichas imágenes. Si los políticos le tienen tanto respeto y las ponen en ese pedestal, es porque allí, en el mismo lugar, ponen a quienes consumen esas imágenes, o mejor dicho, a su opinión. No es que la estiman, por el contrario, le temen. Si una imagen conlleva, entre tantos significados, los poderes que enumeramos recién y muchos más, es porque junto a una imagen viene adyacente todo lo que es la opinión. Ahí reside realmente el peso de las imágenes y su valor. El poder que tienen sobre la opinión del receptor.  Y hoy en día ese poder se mide en los medios que denominamos ¨redes sociales¨. Aquí se manifiesta la ambivalencia del poder sobre quien lo esta ejerciendo realmente, si la opinión pública o el político.

La imagen en sí, técnicamente hablando, no es más que una descripción, es un suceso dado, transcripto en un placa o en nuestros tiempos digitales, descripto en un código binario que luego es ejecutado por un software de computadora que lee el mismo código y lo repite en otro dispositivo en forma de imagen visual nuevamente. La misma lógica aplican los políticos, creen poder tener esa capacidad de descripción, que en el momento en que el usuario ve la foto en su celular o en su casa, experimente la misma sensación que el político en ese acto. Lo que le interesa mostrar es solo una parte de la inauguración de ese puente (la que figuran ellos, logicamente), y sus equipos como cotos de caza tratando de formar opinión pública con las imágenes de ellos en el centro de la imagen rodeados de mortales, imponiendo su posición de héroe. Megalomanía digital.

Igual acabo de tocar un concepto que debería también ser re-definido ante la imposibilidad de corroborar el peso de esa opinión, para que se convierta en opinión pública. Ojo, hace no más de 20 años se consideraba opinión pública lo que podían llegar a opinar periodistas de ciertos medios masivos de comunicación, no eran el reflejo de lo que opinaba lo que llamamos la gente (si bien los periodistas siempre se creyeron los paladines de la verdad y al igual que los políticos, creen que ellos representan a la sociedad), por el contrario, era quienes insertaban en la sociedad su opinión (o más bien la del medio que representaban) y ahí formaban comentarios en torno a su opinión, lo que era la opinión pública. Es en otras palabras lo que hacen los periodistas. Esa es su labor, formar opiniones, porque en definitiva, los diarios, noticieros, radios, junto a sus personajes, dicho llanamente: no son más que gente opinando sobre ciertos temas. Por lo general no son ni especialistas ni nada, son opinólogos, gente que está emitiendo opiniones todo el tiempo sobre cualquiera sea el tema instaurado (o que se pretende instaurar) en la sociedad. Lo único que acredita a ese individuo para formalizar su opinión es el lugar en el cual se desempeña. No solamente por su ideología e intereses individuales, sino también por el mapa informativo que trazan los reporteros, editores y articulistas de los medios a través de los cuales se informa.

Esto nos lleva a lo que hoy parece ser esencial al humano y la obsesión de los equipos de prensa, que es la bendita opinión. Un derecho adquirido con carácter de inalienable en el siglo de la información. Al tener un espacio virtual en el cual pueden expresar su opinión, el individuo común hace pleno ejercicio de ese “poder”. Sienten lo mismo que sienten esos periodistas, y sinceramente, su opinión está avalada por el mismo criterio qué el de los emisores de grandes medios, la audiencia. Entonces, acá nos encontramos, en el escenario actual, en el cual cada persona cree ser libre de poder emitir opinión sobre cualquier tema. Y en verdad lo es, claro que es libre de hacerlo, si esa persona se crió escuchando al mismo borracho en el programa de la media noche o al mismo hipertínetico en el programa matutino o al mismo charlatán en el vespertino. Estos nuevos canales de opinión son los que están ejerciendo y definiendo la nueva forma convencional de comunicar, y por convencional me refiero a lo definido por convención, no definido por su uso.

Hay un efecto social real del mundo virtual en nuestro mundo analógico. Todo el mundo tiene una opinión, todo el mundo tiene un espacio y un derecho a opinar constantemente sobre todo. Experimentamos una documentación de orgías de opinión como nunca antes. Los botones, aquellos inofensivos instrumentos de la interface de las redes sociales tomaron control sobre nuestras conductas sociales en el mundo real. Todo tenemos que comentar, todo tenemos que gustar o no gustar, y ante cualquier suceso podemos emitir nuestra opinión e incluso si no es de nuestro agrado algo que sucede/vemos en esa plataforma, se puede proceder a una desvinculación sobre esa persona. Tenemos que estar siguiendo todo lo que opina o hace esa persona y nos creemos todos dueños o capaces de poder juzgar lo que le pasa. Son tribunales digitales, legitimados por la obsesión de la figuras públicas sobre las sentencias de esos tribunales. Es que es verdad, está todo instrumentado para ello, el tema es que estamos importando estos comportamientos del mundo virtual hacia el mundo real. El mundo de las redes sociales fue diseñado como herramientas de marketing (click acá para leer DIGITAL MATERIALITY, aquí explico el proceso integral del contenido digital) que juntan información sobre la conducta de todos los usuarios. Y el mundo real, no está preparado únicamente para imágenes y comentarios. Hay muchísimos factores más que no entran en un post, que son por ejemplo el contexto. Nadie tiene en cuenta un elemento fundamental de las imágenes o comentarios, que es el contexto en el cual se desarrollan. En las redes sociales estamos frente a un solo contexto, que es el de la historia virtual. El concepto de inmediatez, el tiempo de respuesta ante un hecho o ante una persona pasó de ser rápido a inmediato. Uno tiene que emitir hoy un comunicado de manera fugaz, casi en simultáneo con el suceso originario. Si uno no responde rápido, se toma como falta de interés o de capacidad.

A mí, un nativo digital y estudiante de comunicación en una de las universidades más prestigiosas del mundo (no lo comento por chapa, sino para que entiendas de donde viene todo este razonamiento), me cuesta creer o quizás me cuesta asimilar, el poder que ejercen las redes sobre la sociedad. Hablo no solo del poder de llegada que tiene un individuo con recursos (recordemos que si bien uno cree que lo que escribe en facebook llega a todo el mundo, llega a un 20% de tu audiencia, uno tiene que pagar para que sea más efectivo, por ende se necesita un capital determinado para llegar a más gente, simple ecuación, a más dinero, más repercusión… nada cambió), tampoco hablo de control de los políticos sobre los medios, estoy hablando del poder que ejercen las denominadas redes sociales sobre los políticos. Es común creer que los políticos son los que ejercen el poder sobre la gente, pero teniendo en cuenta la existencia de los denominados trolls, fomentados y financiados por ellos, siendo la existencia de los mismos vox populli, es increíble que los políticos, los nuevos Luis XVI, el centro de todo, sean ellos mismos las víctimas de lo que es el jurado digital. Dicho más llanamente, no me entra en el cerebro como puede ser que si en las redes sociales se habla sobre la conducta del político Juanito, el mismo se exponga a tratar de defenderse o hablar sobre esa actitud, como si las redes sociales fueran legítimos jurados y los usuarios reales. Si ellos son conscientes del esfuerzo que hace su partido para empapar las redes con información manipulada ¿Por qué se siente tan afectado como si fuera real? Cuantas veces, desde funcionarios, empresas, organismos y hasta lugares oficiales se empieza una misiva con “… por los comentarios que son de público conocimiento de las redes sociales…” ¡¡¡¡¡¡¡¡POR LOS COMENTARIOS!!!!!!

Me es muy difícil de asimilar, perdonen! pero va más allá del manipuleo y la falsa información que se puede crear en diferentes plataformas, eso dejémoslo a los que tienen pruebas; lo interesante es como reaccionan los funcionarios y personas expuestas ante estas redes. Osea que si algún día alguien con suficientes cuentas o contactos en una red social emite una información, la otra persona tenga que salir a defenderse sí o sí porque aparece mencionada en las redes sociales. Se puede llegar a poner en jaque a una persona o institución y lograr lo imposible, hasta que el más testarudo se rectifique en alguna conducta simplemente porque se la cuestionan en un par de bits! Tengo algo que me viene a la mente, pero es un proceso más profundo, no aleatorio. La alienación de su personalidad que sufren las figuras políticos, en concreto en este ejemplo las primeras damas. Las convierten en sainetes o mejor dicho, meros props (así se los llama en fotografía a los objetos que se usan para rellenar la composición de una imagen). Son pobrecitas, no más que acompañantes de sus maridos. A tal punto llega la cosificación que sufren, que se prestan para cualquier cosa que le pide el todopoderoso equipo de imagen/prensa de su marido, como el de las vanagloriadas huertas de las casas de gobierno. Se quieren imponer una imagen que es falsísima. Como si fueran a regar todos los días las papas para el puré de las milangas de los trabajadores de los turnos, o a cuidar de las plagas que sufren sus hortalizas. Al posar para las fotos, quedan relegadas a convertirse en objeto, no son mucho más que el espantapájaros que posa detrás. Este es el poder de las imágenes al cual se someten todas las personas que participan de la política hoy, pero desconocen la realidad de lo que están haciendo, o quizás lo piensen, pero se les impone por un equipo que es “experto de influencers”. Parecen no tener capacidad de objetarse a ese show. Quiero hacer hincapié en esta acción porque la demagogia es un mal que afecta en igual medida que la corrupción a la clase política, impulsando un sectarismo con consecuencias tan fuertes como la marginalidad. Además, que si todo hoy está orientado a la opinión de las redes y a la producción de actos, imágenes, videos, etc para el mundo virtual, ¿qué pasa con la gente que está marginada de ese mundo? ¿y todos aquellos que no tienen acceso a las plataformas? ya sea por ignorancia, falta de educación, situación geográfica, carencia de dispositivos o por no poder pagar el consumo de datos. Manuel Castells, un sociólogo español, acuñó el termino del Cuarto Mundo, que denota la subpopulación socialmente excluida de la sociedad global.

Lo que estamos experimentando como sociedad, es el destape de los receptores. Ante los medios tradicionales solo había una comunicación en una dirección, en las del siglo XXI estamos viviendo lo que es la comunicación coaxial y todo lo que ello implica. ¿Cual es el propósito de los comentarios debajo las notas periodísticas? Yo los veo como un placebo, de desahogo (admito que muchas veces paso más tiempo leyendo los comentarios de la gente que la nota, un especie de termómetro cultural). Habría que medir sus efectos, todos los diarios estilan usar esta modalidad, pero no encontré estudios sobre los resultados en términos de afiliación, aumento de lealtad de los lectores o simples reacciones cognitivas. No lo sabría al momento de escribir esto. Podríamos pensar que sí, pero en verdad, volvemos a lo mismo. Todos repiten lo que se desarrolla en el mundo digital sin pensar. Si uno expresa su opinión sobre una nota (cualquiera sea el medio, digital o analógico) está expresando su opinión sobre la opinión de un opinologo sobre un suceso dado. Entonces estamos en un círculo vicioso en el cual lo único que se discuten son las perspectivas ante un mismo suceso , ocupando la opinión el foco de la atención, desplazando al suceso en sí. He aquí otra cualidad de la opinión, desplaza a los actores reales y posiciona al opinólogo en escena como una parte legítima y esencial de la noticia, absorbiendo incluso las repercusiones de la nota. La opinión como marcaba antes, también está respaldada hoy por la cantidad de likes del sujeto que la emite, y proporcionalmente a la cantidad de seguidores o likes que tiene el emisor, su verborragia e incontinencia de opinión.

Un fenómeno por el cual se ejerce esta influencia sobre una población determinada se llama Agenda Setting y es muy frustrante ver el grado de penetración que hay en nuestro país de parte de los medios. Lo único que se habla es sobre lo que está en la noticias (sea cual fuera la plataforma) y hoy las noticias en Argentina son todas políticas, son los dioses griegos, son los sacerdotes mayas, los arcángeles. Nos convertimos todos en radio pasillos pregonando a mil voces lo que nos informaron esa mañana sin mediar la intencionalidad de esa información. Y son contadas las veces que se nos informa sobre cosas positivas. La tradicional teoría del agenda setting (sí, si lo aprendí es porque fue analizado, desarrollado y transferido) es simplemente manejar la influencia o interés informativo de determinado suceso y su difusión para formar opinión. Hay un lugar y un momento indicado para comenzar a “informar”, y mientras se está informando sobre el tema actual, ya se está terminando de hornear el siguiente.

Podría escribir cientos de hojas sobre este asunto, pero voy a ir concluyendo, tengo la teoría que en el siglo de la inmediatez, nadie destina más de 15 minutos a un texto.




Conclusión:

Estamos experimentando un cambio sustancial en el sistema de relevancias. El principal producto producido mundialmente hoy en día es la información. No quiere decir que todos tengan acceso o el mismo acceso a la misma. Tampoco quiere decir que a todos nos afecta de la misma manera, justamente allí reside su valor. Hoy en día la información halla su valores más altos no cuando trae consigo novedades o conocimiento, hoy la información alcanza su climax cuando puede afectar directamente la imagen de un sujeto, un grupo, una empresa o un gobierno. Esto nos lleva a desarrollar nuevos condiciones de prácticas y de consciencia social. La sociedad hoy es una opinión. Entonces la información se la manipula para crear opinión, y es con la opinión que se puede alcanzar los objetivos deseados. No nos olvidemos qué hoy el éxito, por más lacónica que sea, es la mención.

McLuhan decía “los artistas son el radar de alerta temprana de la sociedad”. Cuando el político ocupa el rol del artista, se pierde la esencia natural del artista, que es el de despertar consciencia. La política no debe ser el entretenimiento de todo un país, no es benficioso para nadie.

Las redes sociales están definiendo la manera en que nos relacionamos, no a la sociedad, la sociedad se definió antes. La inclusión digital no es inclusión social. Queda un segmento muy aislado de todo y las problemáticas son las mismas.

Cambian las condiciones de práctica y de consciencia, la imagen se convierte en todo, la foto es el elemento más apreciado de la cultura. La manera de acercar al político a la gente lo convierte en un extraño, en un outsider de esa realidad. No hay dudas que el poder lo miden en segundos de pantalla. Tamaño ego el de los políticos de hoy, que hasta desapareció la figura clave e inteligente del vocero. Aquél que absorbe los desgastes y asume los riesgos de los comunicados. Y no es que se está haciendo una comunicación más sincera, se suicidan mediaticamente con tal de protagonizar 5 minutos más de pantalla, no analizan los elementos de la comunicación. Luhmann perdonalos, no saben lo que hacen!

En Argentina hoy en día se imita la política comunicacional de Estados Unidos, que consiste en hacer un show de cualquier evento, pero ignorando la estructura mediática que tienen en el Norte (no es una opinión, es un hecho, se imitó a rajatabla desde el #YESWECAN #SISEPUEDE hasta la manera  de presentar los escenarios y propuestas, incluso el termino de la grieta ya lo utilizaban en la segunda campaña de Obama). Entonces, cuando importamos un modelo foráneo sin la estructura correspondiente ni tampoco adaptándolo a la escala local, lo que produce es una saturación de los medios nacionales, convirtiéndolos en plenos instrumentos de los grupos que están luchando entre sí y junto a ellos, por efecto bola de nieve a los receptores en plenos rehenes de sus desaires, asumiendo estos mismos las discrepancias como propias, simplemente por estar expuestos constantemente a sus discusiones, lo que aumenta la irritabilidad y el malestar social. Escenario similar al mundo bipolar de hace unas décadas, que los pequeños países del mundo se tenían que oponer o abrazar un sistema simplemente por el hecho de que las 2 superpotencias mundiales se enfrentaban entre sí. Los efectos sociales y culturales de esta práctica comunicacional son catastróficos, enajenando la identidad cultural y exponiendo a la sociedad a una banalidad que se asume como una norma común.

Se habla de la influencia como si fuera una ciencia matemática, a más información más influencia, esa parece ser la premisa. La influencia está confundida con la capacidad de penetración. Pero en esta confusión, lo que yo creo que están descuidando más allá de los modos, por sobre todo y muy subestimado, es la capacidad del receptor; porque llega un momento dado y trascendental en el que el consumidor de información se da cuenta de las tácticas narrativas a las que está sometido por los medios que consume, llevándolo a un punto de no retorno de abstracción para todas las interacciones futuras con ese medio de comunicación. Produciendo un quiebre en el hábito de consumo informativo de ese receptor. Una vez que la ves, no la dejas de ver.



2017
DIÆGO ARIMAYN CAPALBO
„durch die Macht der Wahrheit habe ich als Lebender das Universum erobert"